Publicado
en The New York Times por ALEX
BERENSON el 14 de
Noviembre de 2005.
Los problemas de imagen de la industria de fármacos están
comenzando a dañar a las compañías farmacéuticas en el área de mayor
importancia – en las cuentas finales.
Un año después que Merck
retirara su medicamento para la artritis llamado Vioxx,
se produjo una crisis de credibilidad en la industria a nivel mundial, la
Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas
en inglés: Food and Drug Administration) está bloqueando nuevos medicamentos que
pudieran haber sido previamente aprobados. Los médicos están extendiendo menos
prescripciones para antidepresivos y otros fármacos cuya seguridad haya sido
cuestionada, como aquellas utilizadas en terapias con reemplazo de hormonas
para la menopausia.
Mientras tanto, las empresas aseguradoras en algunos
estados (EUA) están tomando ventaja de esta violenta reacción contra la
industria para tratar de convencer a los pacientes de preferir fármacos más
antiguos y genéricos, con el argumento que éstos funcionan de la misma forma
que los nuevos de marca y con un costo mayor. Con todo, las prescripciones
continúan en aumento levemente, y un gran número de ellas corresponde a
medicamentos genéricos. También, los consumidores parecen responder menos al
agresivo marketing de medicamentos.
“Mucha de la demanda que la industria ha creado con los
años ha sido a través de la promoción y para que ésta
sea efectiva debe haber confianza” señaló Richard Evans,
uno de los analistas del área comercial de Sanford C.
Bernstein y Compañía. “Esa confianza se ha perdido”
agregó.
En el fondo, los nuevos competidores están forzando a los
tradicionales gigantes de la industria de fármacos a luchar para mantenerse
vigentes. Las empresas biotecnológicas como Genentech
llevan la delantera en encontrar nuevos tratamientos para el cáncer, un campo
prometedor y lucrativo.
Los ejecutivos de las empresas farmacéuticas más grandes
están conciente del escrutinio público a consecuencia de los problemas con Vioxx y otros medicamentos. Sin embargo, también les
preocupa que la falta de confianza de parte del consumidor haya creado
expectativas irreales sobre la seguridad y riesgos de los fármacos, haciendo
más complicado el desarrollo de nuevos medicamentos.
“Creo que hay una total expectación poco razonable en este
momento a tal punto que deba existir algo como medicamento libre-de-riesgo”
dice el jefe ejecutivo de Eli Lilly
& Company, Sidney Taurel.
Las principales empresas farmacéuticas continúan siendo
altamente rentables. Pese a algunos casos como Pfizer
y Merck, la más grande y la tercera más grande de las
empresas estadounidenses en términos de ingresos, cuyas ventas se han estancado
y sus utilidades están decreciendo, obligándolos a asumir estrategias como
despidos masivos y - por primera vez en muchos años- cortes de presupuesto para
la investigación.
En el tercer cuarto de año, las ventas de prescripciones
en Estados Unidos cayeron un 3% en Bristol-Myers Squibb, un 4,5% en Johnson & Johnson, y un 15 % en Pfizer. Merck dice tener una caída de un 2% en sus ingresos totales
a pesar de sus favorables tendencias hacia el intercambio de divisas.
Las empresas son reticentes a dar detalles de sus despidos
masivos, pero tanto Pfizer como Merck
dicen haber reducido personal. Incluso la empresa Eli
Lilly, cuyas ventas en los Estados Unidos aumentaron
cerca del 5% en el tercer cuarto de año, señala haber reducido personal en
1.600 empleados –casi el 4% de su fuerza laboral- en lo que va del año.
Nadie espera un final rápido al escándalo, ya que varios
de los fármacos de mayor venta perderán la protección de la patente
estadounidense para el año 2007. En ellos se incluye Norvasc,
un medicamento para la presión arterial de Pfizer, al
igual que Zocor y Pravachol,
medicamentos para el colesterol de Merck y Bristol-Myers Squibb respectivamente.
Juntos, estos tres fármacos suman ventas de casi 10 billones de dólares al año.
La industria farmacéutica, en la que predominan las
empresas con base en Estados Unidos, está lejos de una crisis extrema, y la
reducción de personal ocurre principalmente dentro de los márgenes de su fuerza
laboral. Por su lado, Pfizer tendrá una utilidad de 8
billones de dólares, con ventas rodeando los 51 billones y una inversión mayor
a los 7 billones de dólares en investigación y desarrollo –aunque sus gastos de
investigación hayan caído un 6% en el tercer cuarto del año 2005 en comparación
con el mismo período del año 2004- y, Pfizer espera
que este porcentaje se mantenga o que comience a decrecer en los próximos años.
En resumen, la industria gasta más de 30 billones de dólares al año en
investigación y desarrollo.
Con todo, para las compañías y para los pacientes que
cuentan con la investigación farmacológica con el fin que se produzcan nuevos
tratamientos para enfermedades como la artritis reumatoide y la diabetes, éstos
representan tiempos de prueba. La bolsa de comercio de los Estados Unidos
también ha tomado en consideración las adversidades experimentadas por esta
industria. Las acciones de Pfizer se encuentran cerca
de sus niveles más bajos desde 1997, cerrando el pasado viernes 11 de Noviembre
en 22.43 dólares, y un amplio índice de acciones de la industria farmacéutica
ha caído un 25% en 5 años. En contraste, las acciones de las empresas
biotecnológicas se han disparado.
Debido a la falta de nuevos fármacos que promocionar una
vez que expiren las patentes, y con la vara tan alta marcada por las exitosas
ventas de la última década, las empresas tradicionales han recurrido a medidas
substitutas temporales para proteger las ventas, como la reformulación de
fármacos existentes con el fin de poder consumirlos una vez a la semana en
lugar de diariamente. Al mismo tiempo, han utilizado la publicidad para inducir
la demanda en los pacientes. Sin embargo, estas estrategias aparentemente
pierden su efectividad en la medida que los consumidores están cada vez más
escépticos y las compañías aseguradoras se rebelan en contra de los altos
precios de los medicamentos que no representen un avance terapéutico.
Por ejemplo, en junio Pfizer
comenzó a vender Zmax, un antibiótico que contiene la
misma fórmula activa que la Azitromicina, lanzada a
la venta en 1992 y que acaba de perder su protección de patente la semana
pasada. Pfizer considera que Zmax
es un avance de gran importancia ya que ha sido diseñado para su consumo en una
dosis única (dosis de liberación prolongada), a diferencia de la Azitromicina, cuyo consumo debe ser durante 5 días. Ambos
medicamentos cuestan cerca de 52 dólares para el curso de un tratamiento, según
señala Pfizer.
A pesar de esto, las pruebas clínicas muestran que la
conveniencia de Zmax trae consigo un efecto
secundario: causa diarrea en el 12% de los pacientes, comparado con el 5% que
causa la Azitromicina.
“¿Es acaso el público más cínico? Sí”, señaló el doctor John LaMattina, presidente de
investigación global de Pfizer. “Hay una percepción
que nosotros no cooperamos mucho”, agregó.
Los consumidores han estado molestos por años a causa de
los precios de medicamentos en Estados Unidos, que son más altos que en
cualquier otro país industrializado. Y este resentimiento alcanzó un nuevo
nivel el verano de 2004, luego de revelarse que varias empresas habían omitido
resultados de pruebas clínicas que mostraban un creciente riesgo de
pensamientos suicidas en personas consumiendo antidepresivos.
Luego, Merck deja de vender Vioxx después que pruebas clínicas demostraran que este
analgésico incrementaba el riesgo de infartos y apoplejías. Documentos internos
de Merck muestran que los ejecutivos y científicos de
la empresa ya mostraban aprensiones con respecto a Vioxx
en 1997 pero rechazaron los planes de conducir un estudio de los riesgos
cardíacos. Merck ha expresado que actuó
apropiadamente en el manejo de los estudios de Vioxx.
Una encuesta realizada el mes pasado muestra que solamente
el 9% de los estadounidenses cree que las empresas farmacéuticas son en general
honestas, a diferencia del 14% mostrado en 2004.Opuestamente, el 34% dice tener
confianza en los bancos y el 39% confía en los supermercados.
“La incesante publicidad con enfoque directo al consumidor
en la televisión ha tenido un efecto bumerang” cree la doctora Marcia Angell, ex directora de la revista médica The New England
Journal of Medicine, y
crítica acérrima de la industria farmacéutica. El doctor LaMattina
y otros ejecutivos señalan que la percepción del público deja injustamente de
considerar los billones de dólares que las empresas farmacéuticas gastan en
investigación cada año y los miles de importantes medicamentos que han
descubierto desde la Segunda Guerra Mundial. Incluso los defensores más devotos
concuerdan en que debe haber una mejor clarificación de los riesgos.
“Hemos creado una impresión en el público estadounidense
que cuando un medicamento es aprobado se supone que es perfectamente seguro”,
señaló Billy Tauzin,
presidente de Investigadores y Manufactureros Farmacéuticos de América, una
organización de negociadores para las empresas farmacéuticas de marca. “No
hemos realizado un buen trabajo educando a los pacientes de Estados Unidos
hacia entender que todos los medicamentos tienen significativos efectos
secundarios”, agregó.
El señor Tauzin señala que la
industria había “comenzando a progresar y a dar un vuelco positivo”. Indica
haber dirigido su crisis de imagen siendo más cuidadoso son su publicidad,
garantizando más información proveniente de los resultados de las pruebas
clínicas y trabajando para hacer medicamentos de bajo precio que estén al
alcance de los estadounidenses no asegurados y de menos recursos.
La industria cuenta con la investigación en el campo de la
genética y los mecanismos básicos del comportamiento celular para producir
avances genuinos en el tratamiento para enfermedades como la diabetes. Sin
embargo, los ejecutivos y analistas externos advierten que tal reanimación
difícilmente ocurra antes que termine esta década.
“Los canales de distribución en su línea inicial están
demasiado copados en muchas de las empresas”, señaló el señor Taurel de Lilly, cuya empresa se
encuentra en el sexto lugar dentro de la industria farmacéutica en Estados
Unidos, y es una de las pocas que está incrementando substancialmente el gasto
en investigación. “Y, tomará algún tiempo para que todos estos productos
lleguen al mercado”, agregó.
Además, las empresas son víctima de sus propios éxitos en
algunas de las importantes categorías de medicamentos, como los que existen
para la diabetes, donde los tratamientos existentes funcionan de tal modo que
impiden que la FDA apruebe nuevos medicamentos si éstos muestran tener efectos
secundarios significativos.
El mes pasado, la empresa Bristol-Myers
Squibb señaló que podría detener la investigación de
un nuevo medicamento para la diabetes llamado Pargluva,
ya que la FDA había expresado que no la aprobaría sin que se realizaran pruebas
clínicas adicionales que podrían demorarse hasta 5 años en realizarse.
Pargluva no es el único medicamento que la
agencia federal reguladora ha bloqueado recientemente. En septiembre, rechazó
dos fármacos de Pfizer, un analgésico y un
medicamento para la osteoporosis. El mes pasado, rechazó la participación de Johnson & Johnson's en la
licitación para comercializar un medicamento para el tratamiento de la
eyaculación precoz.
"Antes del retiro de Vioxx,
la FDA probablemente habría aprobado el Pargluva, y
otros medicamentos hubieran tenido una mejor oportunidad", indicó Les Funtleyder, un analista de Miller
Tabak. "Ahora la agencia se toma más tiempo para
revisar los medicamentos y para estudiar sus efectos secundarios en forma más
concienzuda", indicó.
“La FDA ha cambiado” señaló el señor Funtleyder.
“Nadie quiere aparecer en el noticiero principal” agregó, al ser consultado del
por qué un medicamento peligroso había sido aprobado.
El artículo en inglés lo puedes leer en The New York
Times
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